Un pared bien lijada, es como una birra recién abierta
Las avispas controlan el ambiente y todo se va de las manos, pero que manos tenía aquel cacique, que cocinaba hongos con sus propias manos en un revolvedor de sartén gigante. Revolvía, y revolvía el loco cacique. A las 3 horas y medias, se escuchó un eructo gigante. Todos miraron al cielo, pero el eructo provino de un alcaucil con aceite. La gente lo miraba, la tribu silvaba, y los peatones del fogón se quedaron inmóviles ante la situación. Al volante, el cacique segundo mar de agua potable, cortó el cable y todos se salvaron de la adrenalina de sentir la lija en sus paredes.




